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Trabajadoras del Hogar


 

El Foro Internacional de Trabajo Digno para las Trabajadoras y Trabajadores del Hogar nos deja muy en claro que las trabajadoras del hogar, comúnmente conocidas comoempleadas domésticas sufren de ciertas injusticias al ser esta una labor clasificada bajo el esquema de la economía informal.

Durante el foro se expusieron varias realidades, en primera, que en el Distrito Federal existen alrededor de 200 mil trabajadoras del hogar donde no existe ni un solo caso de contrato laboral escrito en el que los empleadores se comprometan a brindar un salario digno y prestaciones de ley con sus empleadas.

De las 200 mil trabajadoras,  apenas un 5 por ciento tiene un “acuerdo de palabra” que le permite a aspirar a mejorar sus condiciones se vida.

Luis González Plascencia, el ombudsman capitalino, resaltó durante el foro que las empleadas del hogar no tienen ningún tipo de seguridad social;  una de cada tres percibe menos de un salario mínimo; y lo mas denigrantes que el 6 por ciento no recibe ninguna remuneración por su trabajo; asimismo, el  11 por ciento de las trabajadoras son analfabetas

Al cierre de 2010, existían mas de 2 mil personas bajo este empleo en México, de las cuales unas mil 800 son mujeres y el resto hombres, así lo indicó Ricardo Bucio, presidente del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED).

Finalmente, se llegó a la conclusión de que nuestro país requiere, en primera instancia, el reconocimiento desigual de derechos laborales y de acceso a la seguridad social así como resaltar la grave situación de desventaja, expresión de discriminación legalizada, institucionalizada, histórica y normalizada, la segunda, hacer algo para que esta situación sea atendida.

Uno no sabe para quien trabaja

A continuación, una de las declaraciones de las participantes en el foro: “Yo entré a trabajar en una casa, donde yo no sabía si su hijo era narco. La señora me decía cuando ‘vayas a limpiar allá arriba, me avisas’. La verdad es que yo no conozco las plantas. A mi se me hacía muy raro que ella me acompañara y me dijera a qué plantas le echara agua. En el cuarto de su hijo tenía muchas plantas y en el baño. La señora me decía que eran experimentos de la escuela.

“Después me cayó el veinte. Dejé de ir y no podía correr el riesgo de decirle a la señora ‘es que en su casa tiene mota’. En esos casos, la verdad uno es vulnerable y no sabe qué hacer”.

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