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AMAR N. DARYANANI





EEUU y Europa, o cómo las bolsas van a dos velocidades


Qué distintas se ven las cosas desde uno y otro lado del charco. Mientras la inestabilidad campa a sus anchas en las bolsas del Viejo Continente, en Wall Street los índices vuelven a apuntarse a los máximos históricos, movidos por los buenos resultados empresariales y por las tranquilizadoras palabras de Bernanke.

Ya el viernes pasado el parqué americano regresó a la senda de máximos espoleado por los resultados de empresas como JP Morgan o Wells Fargo, y el lunes daría continuidad a la tendencia gracias a los resultados de Citigroup y a las noticias de crecimiento de la economía de China. Tras una lógica (para algunos, alarmante) recogida de beneficios el martes, todas las miradas se volvieron a la muy esperada comparecencia del presidente de la Fed ante el Congreso de los EEUU, y sus palabras alentaron a los inversores al asegurar que no hay un plan determinado, y prometer flexibilidad en la retirada de estímulos monetarios. No sirvió para apuntarse fuertes subidas, sino para contrarrestar el mal dato de viviendas nuevas.

Ahora mismo el presidente vuelve a comparecer ante el Congreso. A falta de conocer sus palabras, Wall Street abre nuevamente en máximos animada por los datos macro: descenso en el paro semanal, e imprevista subida del índice manufacturero de Filadelfia. En definitiva, los inversores aprovechan toda excusa para subirse al carro alcista mientras se pueda.

Todo lo contrario al pesimismo que rodea a las bolsas Europeas, y a la inestabilidad que contagian las economías periféricas. A las tensiones ya generadas (crisis de gobierno en Portugal, rebaja de Italia, préstamo in extremis a Grecia) hay que sumar la rebaja del rating de Francia operada por Fitch, y el recrudecimiento de la crisis política en España (merced al ‘caso Bárcenas’) con el consecuente aumento de tensión en el mercado de deuda. Además, el martes se publicaba un índice ZEW alemán peor de lo previsto, lo que terminó por lastrar el ánimo inversor. Sólo las palabras de ayer de Bernanke han permitido las subidas generalizadas, pero permanece en el aire el regusto amargo de la continua exposición al riesgo y a las malas noticias, más posibles ahora que resurgen las agencias de calificación.

Siguiente parada: España. ¿Habrá rebaja del rating? Casi con seguridad. Y como hoy indican los economistas de BlackRock, esa previsible rebaja hará más daño a la débil economía española que el propio ‘caso Bárcenas’. Que el Financial Times pida la comparecencia de Rajoy (que se producirá sí o sí) influye. Que las agencias dejen a España al borde del bono basura, destruye.

Como no, estas tensiones han de tener su refejo en los mercados. En lo que a la renta variable se refiere, poco queda ya de aquella perfecta correlación con lo que ocurría en Wall Street. Ciertamente, cuando el Dow Jones cae el IBEX cae. Pero cuando el índice neoyorquino sube, el español no lo hace, o lo hace poco. Hasta el punto de que, durante esta semana, el IBEX ha resultado el peor índice de Europa: el que más caía, y el que menos subía. Por su parte, el marcado de deuda mantiene las cifras de la semana pasada con la prima de riesgo coqueteando con los 320 puntos básicos. A pesar de ello, el Tesoro ha conseguido sus objetivos de colocación de deuda en sendas subastas, hoy con un significativo coste inferior.

Así las cosas, las sesiones de estos días nos dejan un IBEX muy volátil, peleado con los 8.000 puntos a los que hoy parece aspirar, después de estancarse en el rango de los 7.800 – 7900 puntos. El lastre del sector eléctrico el pasado viernes (tras la reforma energética “definitiva” del Consejo de Ministros) se tradujo en un duro castigo para el selectivo. Parece que la volatilidad ha llegado para quedarse. No será un verano tranquilo.

Amar N. Daryanani

Director de BolsaMercados

http://bolsamercados.com/

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